
Si alguna vez has trabajado en una fábrica con techos altos, sabrás que es un lugar difícil para los equipos de calefacción. Con todo ese polvo en el aire, la humedad y los salpicaduras constantes, se convierte en un verdadero campo de minas para los equipos de calefacción. La mayoría de los calentadores simplemente no pueden soportar esas condiciones. Por eso diseñamos nuestros radiadores infrarrojos de tal manera que puedan resistir ese caos.
El problema es que el agua y el calor no se mezclan bien. En una lámpara infrarroja normal, unas pocas gotas de agua o una gran cantidad de condensación en el tubo de cuarzo pueden causar “shock térmico”. En términos sencillos: el vidrio se agrieta. Es algo frustrante y costoso.
Lo resolvimos al envolver el emisor en una carcasa que evita las salpicaduras y previene la formación de vapor. Al controlar el flujo de aire y sellar las partes eléctricas, evitamos que la humedad llegue a la superficie caliente. Así, el tubo permanece intacto, incluso cuando se aumenta la temperatura rápidamente.
Pero no se trata solo de evitar grietas. No nos limitamos a ponerle una cubierta de plástico al dispositivo. La carcasa está diseñada para mantener limpia la superficie reflectante. Si el reflector se ensucia, el calor no puede circular adecuadamente. Nuestro diseño mantiene las piezas ópticas limpias, así que no tendrás que pasar tus fines de semana limpiando los calentadores.
Además, utilizamos juntas resistentes y sellamos las entradas de los cables. Esto evita que la humedad provoque cortocircuitos. Ya sabes cómo es: la humedad aumenta en el almacén y de repente el disyuntor se corta. Con estos dispositivos, eso no ocurre.
Ahora, un consejo sobre la instalación. Dado que estos dispositivos son bastante pesados, no puedes simplemente colgarlos de una pieza de chapa delgada. Asegúrate de que las abrazaderas de montaje puedan soportar el peso adicional de la carcasa protectora.
Es un poco más trabajo al principio, y el costo también es un poco mayor. Pero hemos visto que estos dispositivos duran el doble de tiempo en lugares como talleres automotrices y plantas de producción de PET. Es mucho mejor que tener que gastar dinero cada seis meses en reemplazar los tubos dañados.